11 Calle de las tiendas oscuras - Patrick Mondiano

 






“Vivir es tener la clara intención de consumar un recuerdo” René Char.

Esta novela corta (230 páginas chicas) de Patrick Modiano, se inicia relatando la clausura de una agencia parisina de detectives, por jubilación de su dueño. El protagonista que trabajaba allí desde varios años, sufre de amnesia y ahora sin esa profesión detectivesca no tiene más remedio que ocuparse de sí mismo, o tal vez ocuparse de “su no-mismo”. Se dedica entonces a rastrear indicios y datos que tiene e intuye, buscando más para averiguar quién es. Así irá llegando a saber que vivió en pareja con una modelo de segunda, de rasgos asiáticos, muerta de forma ignota y francesa –duda, de si él lo es. El nombre de una callecita parisina, tal vez refiere simbólicamente a su sustancia, la oscura incertidumbre en que se busca el protagonista obteniendo encuentros con disímiles sujetos, varios del mundillo de la moda, de la decadente nobleza y del lumpen burgués distinguido, llevando al lector por episodios no directamente articulados, ni siquiera en el orden cronológico de su fragmentado accionar, que enlaza, como dice el autor cual el hilo de Ariadna, emigrados a la ciudad luz en las décadas de la segunda guerra, exiliados rusos, oportunistas y buscavidas, un renombrado play-boy latinoamericano destacado del “jet set”, diplomáticos, excéntricos burgueses, ambivalentes en género y comportamientos éticos, jockeys triunfadores, bellas que se suicidan antes de envejecer, artistas sin llegar a caracterizarlos de “bohemios”: todas y todos en quienes el protagonista anhela reconstruir la identidad ausente en su memoria, con la ilusión de consolidarla impregnada en los datos acumulados entre las páginas, con arbitraje casual-causal, en situaciones insólitas, como cuando él es reconocido por alguien que queda azorado pero sin embargo no le provoca el mínimo recuerdo, recordándome a mí una de las descomunales novelas del genial Dostoievski: el cruce entre su protagonista y “el doble”.

Para  transmitir la incertidumbre profunda del protagonista, las 47 separatas (“XLVII”) del libro no se asemejan por estructura o dimensiones entre sí: alguna consta de un par de líneas y docenas de páginas, otras. Esa disparidad genera un ritmo imprevisto a la lectura, lo que usa el autor para transmitir la palpitación a veces casi detenida en el interno del protagonista y otras acelerando el consumo de páginas, con identificación emotiva o intelectual del lector. Apela también a variados formatos: narraciones del protagonista, cartas entre personajes, fichas detectivescas, documentos, situaciones en lugares remotos del mundo, principalmente Paris, Vichy, y otros de Europa, las islas fastuosas de Polinesia, Oceanía, América, así como sucesos recuperados por esa investigación personal ocurridos en distintas épocas de su vida, pasamos de épocas de terror bélico a ensoñaciones con la naturaleza distantes en el mapa, haciendo elipse constante del protagonista, de su personalidad y persona, asordinando el fragor de la guerra que resuena en la cotidianidad de la ocupación de la república francesa, a veces defendida, a veces entregada por sus hijos nacionales.

Estilo novelesco propio, basado en técnica descriptiva de los entornos, detallista, subjetiva, muy francesa, contrastada intencionadamente por lo no descripto: el cuerpo y la emocionalidad del protagonista. Con inventiva y técnica literaria el autor trasciende la anécdota argumental creando la vacua vivencia del personaje en el lector, paradójica ilusión de armar el rompecabezas de su pasado para vivir su vida hoy, -o luego-, a destiempo de los seres y afectos de cuando tuvo su identidad atada a la memoria y al consciente, coordinados éstos como los lóbulos del cerebro, y completar la ilusión de “vivir su vida” reflejo armado en el rompecabezas escritor-lector.

La obra remite a las partes apenas hilvanadas de una persona, tanto en el tiempo y también en las interacciones con el medio y los demás: este amnésico que se ocupaba de pesquisar en los clientes, no difiere tanto de cualquier humano con sus partes apenas hilvanadas y a veces separadas si se corta el frágil hilo de Ariadna, éste como ilusoria unión y congruencia.

El título intriga hasta casi el final cuando se devela, aunque tal vez resulta símbolo de la vacuidad de toda existencia, sea con identidad, conciencia y memoria o sin ellas, casi por igual. Es otra novela muy francesa sobre la existencia y su realidad de relatividad extrema.                  

Todo fuego de amor, deseo, ambición, vanidad, o saber, es finalmente sometido a la gloria de la memoria, mientras se recalca que para “él” (autor y protagonista?) más importante que el futuro es el pasado…

 

por Jorge Zanada


Comentarios